lunes, 11 de octubre de 2010

Bauer, un llamado a apoderarnos del Che


La Habana.-Cuando la imagen del Che regresaba por todas partes, Tristán Bauer se propuso hacer un filme sobre él, pero no para mostrar esa imagen simplemente, o para presentarse en un aniversario. Por eso ha debido investigar y trabajar durante doce años antes de terminarlo.
Fue, como otros, a los testimoniantes, y mucho más que otros a los documentos, pero con propósitos que hicieron singular a su obra. Consiguió lo que nadie de los familiares del Che, y documentos que no se habían visto, pero no los utilizó como trofeos. Tristán lo ha dicho: "Hurgar en la profundidad, encontrar la profundidad en el conocimiento de los testimonios de la época del Che y, sobre todo, de sus testimonios personales y sus escritos, y también las fotografías que tomó, su particular manera de ver el mundo a partir de la fotografía." Y enfrentó el desafío que él mismo se había puesto: "intentar trasmitir el concepto de un hombre que estudia, que realiza una reflexión teórica profunda y al mismo tiempo se entrega a la acción y predica con el ejemplo."

El resultado es Che. Un hombre nuevo, un repertorio que se sirve de la tremenda capacidad sintética del cine y que utiliza como vehículo de su férrea organicidad la secuencia de la vida de Ernesto Che Guevara, para ofrecernos al ser humano y al pensador revolucionario. Uno de los muchos aciertos del filme es la capacidad de combinar esos elementos en vez de darles turnos o superponerlos, ofrecer con claridad las ideas y los problemas al mismo tiempo que evita el didactismo, indicar lo más importante sin perder la naturalidad, e inclusive acudir al humor.

En Che, un hombre nuevo no hablan del Che, es él mismo el que toma la palabra. Numerosas grabaciones le han servido, en muchos casos expuestas al público por primera vez, y la voz de un sobrino del Che lee textos no grabados que interesan al objetivo del cineasta. La fuerza y la convicción extraordinarias de aquella voz pausada se escuchan a lo largo de toda la película, desde el inicio sobrecogedor en que dice para Aleida el poema "Los heraldos negros", de Vallejo.

La emoción y el peso del contenido de los mensajes se unen y golpean al espectador, y le piden ser activo frente a ellos. Bauer no es inocente: "mi cine aspira a una voluntad de cambio; eso explica que haya hecho esta película," dijo en diciembre pasado, "para proponer una mirada sobre el pasado con voluntad de avanzar hacia el futuro."

Quiero destacar el rescate del pensamiento del Che que logra Tristán. Ernesto adquirió formación para ser hombre de pensamiento y de letras, y su vocación revolucionaria lo convirtió en un famoso hombre de acción. Actuó sin descanso ni medida en la creación de una nueva sociedad en Cuba entre 1959 y 1965, y otra vez fue sobre todo un hombre de acción en los dos y medio últimos años de su vida.

Sin embargo, el pensamiento es un hilo conductor de toda su existencia, y supo comprender la necesidad ineludible de que la revolución de liberación de todas las dominaciones se piense a sí misma y sea capaz de guiarse por ideas, planear su actividad, la formación de personas nuevas y el desarrollo de nuevos países, es decir, la creación de nuevas realidades y nuevos proyectos.

A esa luz, los diarios y cuadernos del Che adquieren sus verdaderas dimensiones. El combatiente, el caminante, está lejos de la mesa y la silla, pero conoce el valor de la palabra escrita. Su voluntad y su intelecto le permiten anotar lo que sucede y valorar lo que lee, siempre en función de problemas y objetivos que están en su pensamiento, con vistas a una profundización que considera imprescindible y a tareas intelectuales de mayor alcance que siempre planea realizar, hasta en las situaciones en que parece imposible pretenderlo.

Resulta entonces natural que el guerrillero no siga los consejos que le ha dado al combatiente respecto al peso de su mochila, y cargue siempre libros consigo, aunque no haya comida y la muerte esté a la vista. El filme nos muestra un Che que sabe qué conocer como viajero, que mira, goza o aprehende con su cámara fotográfica, que estudia y tiene criterios sobre los temas más importantes del mundo en que vive, y hace lo mismo con las ideas de los clásicos del pensamiento o de los autores más recientes.

Pero va mucho más allá, al ofrecernos pistas para que conozcamos el pensamiento que produjo Guevara, el aporte teórico más importante de nuestra revolución. Puede ser de pasada, como cuando pide que se busque en las personas que quedan en los márgenes de una sociedad sus sentidos quizás más profundos, o puede tratarse de una cuestión central, como cuando llega a la conclusión de que en la Unión Soviética está en curso un proceso que llevará al regreso al capitalismo.

El Che elaboró una concepción teórica sobre la transición socialista, y libró una batalla intelectual —tan trascendente como sus batallas a tiros— por lograr que los revolucionarios socialistas del mundo que fue colonizado y neocolonizado comprendieran que esa concepción expresa el camino cierto de la liberación factible, y la asumieran prácticamente. Y también reafirmó un axioma que hoy no está muy claro en muchos lugares: lo primero es tener una revolución, sin ella no es posible avanzar, pero para tener una revolución es imprescindible la movilización del pueblo.

Che. Un hombre nuevo ayuda en la labor necesaria de liberar al Che de los lugares comunes con los que nos quitamos la posibilidad de comprender su legado, asumirlo y sacarle provecho. Por ejemplo, la creencia en que era un hombre muy bueno que no le dio suficiente importancia a lo material.

Porque el Che sabía lo fundamental, que es la necesidad de que los factores subjetivos predominen a lo largo de todo el proceso del poder de transición socialista -y que solo ese predominio de lo subjetivo nos salvará-, fue que realizó descomunales esfuerzos en el campo de la economía, tanto en la práctica, mediante una experiencia que involucró a cientos de miles de cubanos y que ha sido olvidada, como a través de estudios muy profundos de teoría y de técnicas de Economía.

Che pudo escribir con razón que el pensamiento marxista acerca del socialismo estaba en pañales, pero al mismo tiempo hacía todo lo posible porque en Cuba alcanzara pronto la adultez y se combinara con prácticas que hicieran viable el socialismo.

De un juvenil "odio a la civilización" que era tan malvada y mezquina con los humildes pasó pronto a desarrollar una crítica rigurosa de la modernidad capitalista, un logro más admirable cuando se recuerda que en esos años se luchaba a brazo partido porque llegaran a todas las cubanas y cubanos los frutos de las modernizaciones.

Este gran pensador no brilla, sin embargo, en la academia ni en los salones. Es el alfabetizador de sus subordinados, el creador de escuelas en plena guerra, el que se siente feliz compartiendo estudios con jóvenes combatientes como al que llama "graduado de la Universidad de Yara". El que fuerza a su escolta a estudiar y producir alimentos.

La película muestra entonces su rigurosa consecuencia, su vida de dirigente político guiado por una ética revolucionaria, de intelectual que reúne en sí a la razón y la fe, de luchador que entrega sus méritos y sus cargos a la causa de la liberación. Por eso es natural que de clases de francés a guerrilleros y que escriba sobre Hegel en Bolivia, o que porte en su postrera mochila a Lukacs o a Trotski. Todo su trabajo y su vida y su ejemplo van en busca de lograr que la riqueza cultural acumulada se reparta y llegue a ser para todos.

La posteridad del Che, como la de los individuos más grandes, es muy difícil: ellos van mucho más allá de sus circunstancias, las trascienden y hacen propuestas que parecen excesos. En el caso del Che, como en algunos otros, la dificultad es mayor, porque él resulta sumamente subversivo contra todas las dominaciones, a la vez que ya puede plantear la conquista de un nuevo mundo y una nueva vida como un hecho posible, que se hará realidad mediante la praxis revolucionaria y la conciencia organizada. La película que verán es una buena contribución para ayudarnos a asumir esa posteridad.

¡Gracias, Tristán, muchas gracias! Qué regalo extraordinario es Che. Un hombre nuevo, en estos días de aniversario. Este llamado tuyo, tan fuerte y tan logrado, a que todos nos sirvamos del Che, nos apoderemos del Che, que tanta falta nos hace, y que le aseguremos su grandeza del único modo digno y factible, que es continuando su camino, su pensamiento y su obra, aprendiendo con él a crear realidades y a pensar, a soñar futuros factibles, a sonreír, construir y pelear.

ag/fmh

*Ensayista y sociólogo cubano. Premio Nacional de Ciencias Sociales 2006. Colaborador de Prensa Latina Modificado el ( sábado, 09 de octubre de 2010 ) 
PRENSA LATINA
Agencia Informativa Latinoamericana

sábado, 9 de octubre de 2010

Morandi, en la cuna de la mortadela

Las geometrías y colores de Bolonia inspiraron los bodegones del pintor
PILAR RUBIO REMIRO - 09/10/2010

Hay ciudades obsesivas que hacen o deshacen a los artistas. Ciudades que funden vida y obra, y cuyos espacios exteriores acaban por ser paisajes interiores. No se entiende la pintura de Giorgio Morandi (1890-1964) sin comprender esa ciudad de la que nunca se desprendió: Bolonia. Es lo que piensa Umberto Eco, que también ha tenido una relación íntima con esta urbe, la más porticada del mundo debido a sus 42 kilómetros de soportales. Los famosos bodegones de vasijas morandianos han de verse así, como arquitecturas seriadas que se repiten en mantras visuales.
Todo el centro histórico de Bolonia, capital de Emilia-Romaña, está construido sobre arcadas que dibujan variaciones secuenciales casi hasta el infinito. Al cabo de unas horas de pasear sin rumbo por esos espacios umbríos al abrigo del escaso tráfico, la vista se acostumbra a ver el exterior como un continuo de luces, colores y formas que cambia pero se repite, traicionando al ojo humano. Es exactamente lo que sucede en los aparentemente humildes bodegones de Giorgio Morandi.
La mirada hace al artista, pero en este caso el lugar la construye y dibuja las formas. Bolonia, como otras ciudades monumentales del norte de Italia , conserva un tejido urbano homogéneo y, a la vez, lleno de singularidades. Subiendo los 498 escalones de la torre Asinelli se consigue ver la ciudad como un mosaico uniforme de teselas marrones y ocres. La altura la convierte en pura geometría repetitiva. El pintor Giorgio de Chirico, gran amigo de Morandi, opinaba que el dibujo geométrico "es el fundamento de toda gran belleza y de toda profunda melancolía". Los dos amigos se entendían bien, pero Morandi era un esteta de la radicalidad y nunca se desvió en su paleta de los colores con los que Bolonia se pinta a sí misma: los blancos rotos, los desvaídos sienas, los castaños dorados y los ocres, o sea, los colores de la melancolía. Y de la mortadela.

"Grassa, rossa e dotta"

Como capital de la región de Emilia-Romaña, Bolonia es un lugar estratégico para visitar en el día un montón de ciudades únicas (a media hora, Rávena, Parma o Módena; a una hora, Milán, Florencia y Ferrara; a dos horas, Comacchio, Rímini, el delta del Po y también Venecia; a menos de tres, Roma). Perteneciente al papado durante un largo periodo hasta la llegada de Napoleón, fue anexionada al Piamonte, muy tarde, en 1890. "Grassa, rossa e dotta", son algunos de sus sambenitos. Grassa, por su gastronomía, que ha inventado la mortadela y los tortellini; rossa, por haber sido el más importante feudo del Partido Comunista Italiano y de la resistencia de los partisanos en la II Guerra Mundial, y dotta, por llenar aún sus calles de estudiantes llegados de todo el mundo a la universidad laica más antigua de Europa.
El lugar más bonito de Bolonia es Santo Stefano (un conjunto de cuatro iglesias), con sus alrededores bellamente rehabilitados hace poco; pero es la poca armónica plaza Mayor a la que se dirige primero cualquier turista. Imposible de olvidar. Primero, por la fachada inacabada de la iglesia de San Petronio; después, por la fiereza y rotundidad de la escultura de Neptuno, y por último, por el asimétrico y desordenado palacio de Accursio, que, entre otros usos, es Ayuntamiento y sede del Museo Morandi.
Entre pinturas, acuarelas, dibujos y aguafuertes, el museo conserva más de 200 piezas. Naturalezas vivas de los primeros años -paisajes de Grizzana, el pueblo en el que pasaba los veranos- y naturalezas muertas a las que aplicó en su madurez su "metafísica de los objetos comunes", como definió su amigo De Chirico. Tomando desde este museo la Via Rizzoli, y casi al final de la calle Mayor, se encuentra la pequeña y estrecha Via Fondazza. En el primer piso del número 36 vivió el artista con su madre y sus tres hermanas -Anna, Dina y María Teresa- desde 1910 hasta su muerte. ¡Toda la vida en la misma ciudad, en la misma casa, en la misma habitación! Aunque todavía no viene en las guías, su casa-taller es, desde comienzos de año, un museo. Si la obsesiva imagen repetitiva de los soportales de Bolonia es visible en las ondulaciones de sus bodegones, la pequeñez del espacio habitado por el artista, su habitación-taller y el cuarto alacena contiguo que le servía de almacén a los objetos que utilizaba ilustra la naturaleza de sus obsesiones. El único respiro era el balcón que daba al patio interior, que hoy es un frondoso jardín. La rehabilitación que ha hecho el estudio de arquitectura Iosa Ghini ha conservado esa habitación donde dormía y pintaba tal y como la habitó el maestro: los rollos de papel apilados, los pinceles en obsesivo orden, las vasijas alineadas y abundantes pruebas en sus paredes de las gamas de color que utilizaba.
Como parte del legado tras la muerte de su hermana María Teresa está la casita de verano en Grizzana, también convertida en museo. En el valle apenino que entra en Emilia-Romaña, entre los ríos Reno y Setta, se encuentra esta comuna formada por varios pueblos y a la que en 1985 se le añadió al topónimo el nombre del artista. En Grizzana-Morandi se ha rehabilitado la casa de la familia, y en el primer piso volvemos a encontrar sus pinceles, brochas, caballetes y los objetos que aún permanecen tal y como él los dejó.
¿Cómo imaginaba el mundo exterior este pintor sensible y obsesivo, más allá de su escueto mundo boloñés? La respuesta está en sus cartografías de la intimidad.
EL PAIS.COM

R. Dominicana registra 97 casos de femenicidio en lo que va de año


Los casos de asesinatos de mujeres continúan en aumento en República Dominicana, a pesar de las campañas constantes en los medios de comunicación y la aplicación de penas más duras contra la violencia intrafamiliar, reveló el 31 una alta funcionaria de la Procuraduría General.

La procuradora adjunta para Asuntos de la Mujer, Roxana Reyes, afirmó que en lo que va del año 97 féminas han muerto en manos de sus parejas sentimentales, cinco casos más que los registrados en el mismo periodo del año pasado.

Dijo que ninguno de los casos trágicos fue denunciado previamente en las oficinas estatales que tratan los casos de violencia intrafamiliar o de parejas.

La funcionaria del Ministerio Público Dominicana descartó que el aumento de los casos de femenicidios sea por la falta de fiscales que atiendan a tiempo las denuncias de las mujeres.

Los datos de organismos internacionales indican que República Dominicana es el país con el mayor número de asesinatos de mujeres en América Latina dentro del ámbito doméstico con 22 mujeres por un millón, seguido por Panamá con 15 y Puerto Rico con 12.

Según las investigaciones más recientes, Centroamérica y el Caribe son dos de las regiones del continente americano que experimenta un mayor índice de violencia contra las mujeres con resultados de muertes.

Expertos dominicanos indicaron que la pobreza extrema, los sentimientos machistas y el uso de estupefacientes son las principales causas de la creciente violencia del hombre contra la mujer que se ha registrado en los últimos años en esta nación caribeña. 
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Nata a Buenos Aires Argentina 1963. -Ricercatrice in Storia. -Docente Lingua Spagnola Università di Bologna. -Docente dell'Università Di Buenos Aires. -Autrice del libro: "Asi' Somos" Ed. Hoepli 2006. -Mediatrice Linguistico Culturale. -Collaboratrice di diverse reviste e giornali